¿POR QUÉ TANTO ODIO AL AZÚCAR?


En su estado natural, dentro de la caña, existe esta sustancia llamada Sacarosa, que es el objeto central de esta entrada al blog. Es ciertamente lo que bajo procesos industriales se convertirá en el azúcar que se observa en el 90% de las mesas de prácticamente todo el mundo.

PERO ¿QUÉ ES LO QUE LA HACE TAN “MALA”?

En primera instancia lo que se obtiene de la primera extracción de la caña es un “líquido”, que una vez secado genera un polvo pardo (no blanco perfecto) llamado azúcar rubia o cruda, posteriormente, la refinación, que es el proceso dentro del cual se disuelve, limpia y clarifica el producto para dejarle un alto grado de sacarosa de bajo color, sin turbiedades, poca ceniza y bajo contenido de humedad. Es decir Sacarosa casi pura (Azúcar blanca o refinada), y que obviamente tiene un altísimo índice glucémico (lo que sin vigilancia es altamente dañino).

En primera instancia esto es el toque “malo” que tiene el azúcar refinada, su alto grado de pureza de la sacarosa, y sumado al escaso o nulo control que existe tanto en su obtención como en la sensación al paladar una vez que se prueba, la combinación es totalmente explosiva. Sin embargo es preciso decir que en cantidades mínimas, no deja de ser una opción momentánea, considerando que es un recurso de alta calidad y aporte energético, pero que por lo mismo puede degenerar en mal uso, y obviamente hábito comparable cualquier adicción.

La estructura molecular del azúcar es compleja, y deriva en la necesidad de desdoble digestivo y bioquímico que requiere energía. Sin embargo se da ese juego de doble filo en que este pro

ceso requiere de mucha energía, pero también está siendo proporcionada por la misma azúcar, y de ahí el enganche adictivo.

Es decir que el azúcar blanca refinada es el premio y el castigo a la vez, y viéndolo desde esta perspectiva se convierte en un alimento que se neutraliza digamos. Da y quita energía en la misma proporción, por lo tanto se convierte en círculo vicioso, mismo que deja de lado el aspecto nutricional y por lo tanto descarta a este producto de ser benéfico, considerando la amplia gama de endulzantes existentes.

A diferencia de otros endulzantes como las mieles de abeja, agave. Azúcar de coco, mascabado (de calidad), estevia, etc, estas opciones ofrecen al organismo una dosificación de la energía que proporcionan, aparte de que la obtención de la misma no es de tanta complejidad como la del azúcar refinada, rompiendo de esta manera el enganche que se da con los endulzantes refinados.

Para decirlo de manera llana, no es lógico ni inteligente tomar azúcar blanca refinada como opción para endulzar, sobre todo habiendo tantas opciones extra en el mercado: Miel de abeja, agave, piloncillo, estevia, dátiles, azúcar de coco, mascabado y más, muchas más. Y no es inteligente porque definitivamente no se decide por elección propia, sino que es lo que la industria impone.

Promover dejar el azúcar no es moda ni un discurso anquilosado y estandarte de la “ola verde”, es una manera de cuidarte y garantizar salud de manera muy sencilla y que dentro de Trofoterapia es algo permanente. No por nada se le denomina como uno de los venenos blancos.

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