¿GRACIAS SI, O GRACIAS NO?


A veces el “Gracias” se convierte en una respuesta no definida, y cuando nos ofrecen algo de comer, por ejemplo, pronunciamos el agradecimiento, o lo recibimos, sin ejecutarse acción alguna. Y de ahí el título de esta entrada.

Sin embargo, de “algún tiempo” a la fecha se ha promovido el derecho de la gente a que, con decencia, no se vea obligado a acatar ciertas costumbres, o propuestas desde vestido, educación, alimentación por supuesto, entre otras, hasta de religión, y poder decir un No rotundo. Pero esto no siempre ha sido así.

Por “educación” se ha obligado a la gente a comer cosas que no se desean, a vestirse de maneras “adecuadas” a comportarse con modales artificiales, siempre en nombre de las “buenas formas” o etiqueta. Y decir “No”, no es una de ellas. Hay una gran diferencia con “usos y costumbres” determinados, y, por ejemplo, no se puede transgredir el quitarse los zapatos en una casa japonesa, o reprimir el eructo de un joven árabe después de comer. En ambos ejemplos, esto se explica en términos de salud y limpieza, y hasta agradecimiento por la comida, y no tiene el mayor problema, al contrario.

En el aspecto Trofológico, la costumbre que nos atañe es la de aceptar o no algún preparado alimenticio, y la posibilidad de herir la susceptibilidad del anfitrión si es que nos negamos a hacerlo. Es inseparable la relación del Festejo con la comida, un “Festín” conlleva diversión y mucha comida; pero un sepelio también. Y un bautizo, y una boda… y la graduación, y la contratación, y el super bowl, y la final de mundial. El asunto aquí es qué pasa con aquel personaje que, en cualquiera del entorno planteado, difiere de los demás por no aceptar el pastel en la boda, o los tacos de barbacoa en el bautizo. O que no toma café en el velorio. ¿O que no beba cerveza en el partido de los Pumas? Muchos contestarán, “Nada, ¡no pasa nada!... Claro, no se acaba el mundo, pero siempre surgen las críticas, entre mordaces y tolerantes cuando alguien se convierte en el “disidente” que no hace lo que todos en un momento y circunstancia determinada. Hasta aquí no hay mayor problema más que el factor social.

Ahora, ¿qué pasa con el guiso de la abuela, la tarta de la tía? Que es una situación más directa y a la que se nos ha sido, por tradición, obligados a aceptar. O la madrina que cada que vas a su casa te colma de tributos gastronómicos que probablemente no deseamos. Esto se da de manera muy frecuente, y es el eslabón de una cadena de actos que dirigen a condiciones repetitivas, a veces, en detrimento de la salud.

El apapacho a través de la comida es una costumbre muy arraigada, pero no siempre sana, y menos cuando presupone obligación y llenarse al máximo. También es bueno que cada vez más nos atrevemos a decir que no de manera empática y decente, y proponer que las ofertas alimenticias de celebración sean cada vez más adecuadas para los demás, sin trastocar los sentimientos del que ofrece, siempre en pro de la salud de todos.

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